Zanahorias, mitos y realidades

Sus escasas 40 calorías por cada 100 gramos la convierten en un aliado perfecto para cualquier dieta, así como en la incombustible cuenta atrás de la “operación bikini”. Pero, más allá de ayudarnos a mantener un peso sano, ¿qué más cosas nos aporta comer zanahorias?

Toda la vida hemos escuchado a nuestras abuelas decir: “Si comes zanahorias, tendrás una vista de lince y te pondrás moreno”. ¿Qué hay de cierto en esto?

Según la dietista y nutricionista de Alimmenta, Juana María González, se debe a la vitamina A, “un potente antioxidante que ayuda a la síntesis de tejidos y regeneración del ADN, por lo que puede ayudar a prevenir el envejecimiento prematuro y proteger la piel de la radiación solar”.

Esto justifica que la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU. le atribuya la capacidad de ser eficaz contra posibles enfermedades como la degeneración macular, ataques de asma, quemaduras solares y en la prevención de algunos tipos de cáncer. Además, en el informe de la OMS ‘Word Cancer Report’ se destacan los posibles efectos preventivos que podía tener frente al cáncer.

Otro de sus beneficios es que posee Vitamina B1, B2, B3, B6 y B9, importantes para el funcionamiento del sistema nervioso y los neurotransmisores. “Cuida nuestros nervios para que el cerebro funcione rápido y la información fluya bien. Puede ser recomendable para gente que esté estudiando”, añade González. Además, poseen aceites esenciales con propiedades antiparasitarias y pectina, una fibra soluble y cardiosaludable, que reduce el colesterol, ayuda al tránsito intestinal y sacia nuestro apetito. Y no sólo eso. También contiene yodo, un micromineral esencial para la glándula tiroides; potasio, bueno como diurético; vitamina K y calcio, importante en nuestros huesos y algo de flúor, que favorece a nuestros dientes.

A pesar de todas sus propiedades, el cliché de “somos lo que comemos” nos puede costar caro. Si tomamos una gran cantidad de zanahoria o suplementos de vitamina A podemos adquirir un antiestético tono anaranjado en todo nuestro cuerpo, llamado carotenemia.

Por tanto, es un falso mito que nos ponga morenos. No nos va a activar la melanina ni a broncearnos. El betacaroteno es un precursor de la vitamina A y el responsable de esta pigmentación naranja, aunque no es algo patológico, en cuanto se disminuye el consumo desaparece.

Fuente: La Vanguardia

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